
Las horas pasan, sin mayor rapidez, sumidas en tranquilidad, pacíficas, recorriendo la rutina diaria a la que está sometida.
En este preciso momento, cuando las manillas toman la misma posición de ayer, ocurren cosas distintas a la de hoy, simplemente el tiempo no cambia, nosotros lo cambiamos.
Es la impaciencia de que llegue el momento, el día y la hora...
Y pasan los minutos...
Queda cada vez menos

